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Provocatio

01. February 2011

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Leí el primer libro de Sara Herrera Peralta (La selva en que caí, Torremozas) hace unos tres años. Era mi primera independencia madrileña, en aquella casa con tantos fantasmas literarios (esa historia que siempre gusta contar, que queda para otro día). Para la segunda Ciudad en Llamas la conocimos en persona y venía ya con De ida y vuelta (Difácil) recién publicado. Desde entonces nos hemos visto un par de veces más casi siempre con la excusa de los libros. No pude estar para Sin cobertura (la bella varsovia) pero sí fingiendo conocer Avilés cuando hace cuatro días se presentó Provocatio (Ayuntamiento de Avilés).

Me extiendo en los prolegómenos pero son cuatro libros ya. Sobre cuatro libros podemos decir unas cuantas cosas. En mi caso que no tengo un preferido aunque hay algo en este último que conecta con la que es mi vida ahora y por eso su llegada ha sido diferente. También podemos decir que la publicación es un camino complejo que genera acumulaciones de textos que en realidad tienen sus ritmos, con lo que de nuestro lado queda leer el conjunto con las justas respiraciones.

Hay dos cosas que cuando se ponen de moda en literatura suele ser para mal: una es lo popular, otra las mujeres (este es el trending topic de mis conversaciones con Héctor Gómez Navarro, intentando conciliar comunismo y feminismo y sobrevivirnos). Así que cuando una se cruza con poetas que entre otras muchas cosas conjugan bien cualquiera de estos dos elementos puede considerarse feliz. Hay varias poetas españolas contemporáneas que lo están haciendo bien en ambos frentes: lo popular sin la conmiseración, las mujeres sin el exotismo. Sara Herrera Peralta es una de ellas y su último libro podría ser un buen ejemplo.

También hace otras muchas cosas bien: construir su voz, introducir el mundo moderno del trabajo, del éxito, de la velocidad en una poesía que a la vez tiene un sujeto protagonista. Pero afectado transversalmente por el mundo. Irremediablemente acompañado. Hace bien hablar de amor: lo ha hecho desde el desgarro en el primer libro y desde cierta celebración, cierta plenitud, en el segundo.

Hay un savoir faire para que lo íntimo quede del lado compartido y éste se desarrolle en la intimidad. Hay un lenguaje directo cuando es preciso y un preciosismo que no cansa cuando se hace necesario. Son cuatro libros, lo he dicho. Por ellos laten los pulsos de Sara Herrera Peralta en varios idiomas, en varias ciudades. Sin hacer ostentación. Que sí, que París nos gusta a todas. Pero eso lo sabemos antes de ponernos a escribir, por lo tanto contarlo sin ser/estar en el país vecino es redundar.

He abierto este nuevo blog/cosa/cómo-se-llame porque últimamente siento la avalancha de las muchas palabras que me cruzo al día, de los muchos pensamientos que llegan en fogonazo destinado a desaparecer si no tomo notas. El formato parece entonces el adecuado. Empezar hablando de Sara Herrera Peralta también.

Nos gusta Sara. No es un plural mayestático. Es algo como cierta noción de familia intelectual y de los afectos que llega antes que la amistad y cuyo proceso se parece al que generamos con algunos libros. Es algo como un compromiso que viene de la propia autora y que sólo por casualidad se ha concretado en la persona. Casualidad… o no. Si hablamos de compromiso en condiciones entonces sabemos que nada es fortuito, que la vida (o el discurso, o la voz) toca pelearlos. Y entonces sí, entonces entendemos el provocar.

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La portada es una fotografía de Soledad Córdoba, actualmente está exponiendo esta y algunas otras en la Galería Vértice de Oviedo.

  1. tigrida posted this